Encontrando el Valor del Dolor
Por Coral Karnaze

A la edad de 32 me diagnosticaron con el caso más severo de reuma que mi doctor, un hombre que había estado en la profesión por muchos años, había visto hasta la fecha. No podía vestirme, salir de un auto, o subir escaleras. Estaba casi inválida.      

Recuerdo en una noche de verano, mi familia y yo estábamos visitando parientes en la Ciudad de Kansas, en donde permanecíamos en el hogar de mi suegra. Mi hija tenía cuatro semanas. Ella necesitó ser alimentada después de que todos hubieran ido a dormir, y lloró junto a mí en mi cama. Todo lo que necesitaba hacer era darle media vuelta a mi cuerpo y podría darle de comer, pero mis hombros  y todo mi cuerpo se encontraban en tal insoportable dolor que no podía hacerlo por mí misma. Necesitaba asistencia en darme vuelta solo unos cuantos centímetros. Grité a más no poder por ayuda, pero nadie podía escucharme porque todos tenían ventiladores en sus cuartos. Me pregunté a mí misma, “¿Cómo llegué a este estado? Solamente me encuentro a principio de mis treintas. Tengo una hija infante que cuidar, ¿cómo voy a continuar?”

Había sido perfectamente sana y físicamente fuerte hasta ese punto en mi vida. Mi dieta era muy balanceada según el estándar normal, y ninguno de mis parientes cercanos padecía esta enfermedad. Tenía muchas preguntas sin contestar, pero la pregunta más importante que no hice en ese momento fue, “¿Existe un valor en este dolor? Finalmente, después de años de búsqueda, tropecé con la respuesta. Sí, créanlo o no, hay un valor en el dolor. Y aquí está el valor de mi dolorosa experiencia de artritis.

Nací y fui criada en Hong Kong, China. Crecí en una cultura tradicional china combinada con algunas influencias occidentales. Básicamente, en una cultura china, las figuras de autoridad tienen poder absoluto sobre todo aquel que se encuentra por debajo de ellos según el estatus social. Para una joven de mi edad en aquella época, las figuras de autoridad serían padres, maestros, tíos y tías, dueños de negocios, conductores de autobús, y así sucesivamente. Los chicos no tenían mucha voz en relación a nada en sus vidas, especialmente muchachas jóvenes. En el hogar, se esperaba que una muchacha ayudara a su madre con el trabajo doméstico. Cuando teníamos huéspedes en nuestra casa, simplemente servía el té y luego me sentaba en el fondo y escuchaba la conversación de mi padre con sus amigos. Simplemente escucharía todo el tiempo, pues no se esperaba o alentaba a que diera mi opinión en absoluto. 

En la escuela la situación era incluso peor. Todos usábamos uniformes, y algunos maestros nos llamaban por nuestro número en lugar de nuestros nombres. Nunca había una discusión abierta sobre ningún tema. Solo se podía hablar cuando el maestro daba permiso. Y si las reglas se desobedecían, el castigo era severo. No era infrecuente en absoluto que los maestros regañaran o humillaran a un estudiante delante de toda la clase. Muchos maestros chinos utilizaban esta técnica para causar culpabilidad y vergüenza en sus estudiantes para confirmar su poder y control. Esta técnica manipula a todo aquel en los rangos menores para que hagan lo que sea que la autoridad quiere de ellos. El respeto es altamente valorado en la sociedad china, y si demuestra cualquier signo de desacato, tiene que enfrentar severas consecuencias

Claro, yo no entendía esto cuando crecía. En la superficie parecía muy feliz y contenta con todo en mi niñez. Había sido acondicionada por el sistema de obedecer la autoridad y no cuestionaba mi derecho de ser diferente de la norma. Si tenía algún dolor en aquella época sobre hablar mi verdad, mi Niña Interna pudo haberlo atiborrado tan bien que ni siquiera supe que existía. Mi Niña Interna quería que sobreviviera. Ella conocía demasiado bien las consecuencias de desafiar la autoridad. Pudo haber significado el ser regañada sin fin y luego, despojada de todos los privilegios y quién sabe qué clase de castigos físicos impensables. Todo lo que quería hacer era jugar con mis amigos y comer todas las comidas sabrosas que los adultos hacían. Después de todo, nadie más se quejaba. No había razón para que yo saliera de la cultura. Esto marcó el principio de mi sufrimiento emocional subconsciente y mi supresión del dolor. No fue hasta cuarenta y tantos años más tarde que utilicé el valor del dolor y encontré las herramientas para transmutarlo.

Debido a mi búsqueda de conocimiento y aventura, decidí ir al extranjero por una educación superior. Fui a parar en la Universidad de Kansas. Aunque experimenté un choque cultural total, aún era una experiencia excitante y fascinante. También me sentí como una extraña en un planeta diferente por primera vez en mi vida. En mi penúltimo año, conocí a mi esposo Chris. Todo estaba bien a excepción de una cosa, él es un estadounidense. En la sociedad china los padres pueden objetar a un matrimonio si el futuro esposo es de una provincia, pueblo o aldea diferente, sin mencionar una nación diferente. Era un ultraje  para mis padres, y sabía que no tendría su aprobación para casarme con él, pero también sabía muy en el fondo que nos casaríamos.

Mis padres trataron de persuadirme para que no me casara con Chris. Mi madre se llenó de lágrimas, llorando y suplicándome que me quedara con ellos en Hong Kong. Mi padre me amenazó con romper todo vínculo conmigo por el resto de mi vida. Estuve muy abatida durante las últimas semanas antes del matrimonio, pero estaba muy decidida. Esa fue la primera vez que la semilla de la culpabilidad fue plantada en mi conciencia. Además de eso, Chris y yo teníamos año y medio de estar viviendo juntos en la universidad. Otro tabú. ¡Vergüenza! ¡Vergüenza!

Así, empezamos nuestra vida matrimonial en Estados Unidos y todo estuvo bien por los primeros años. Durante ese tiempo intenté persuadir a Chris para que encontrara un trabajo en Hong Kong para que yo pudiera estar cerca de mis padres. Él dijo que estaba dispuesto pero el trabajo nunca se manifestó. Eventualmente mis padres aceptaron el hecho de que probablemente nunca nos mudaríamos de vuelta a Hong Kong, pero cada vez que hablábamos por teléfono ellos sutilmente intentan culpabilizarme para mudarme a casa.

Eventualmente empecé un negocio importando hierbas, sobre todo para complacer a mi padre que lo financió. Porque él lo financió, pensó que debía decirme cómo manejarlo así que me encontré a mí misma día tras día, tratando de manejar el negocio como él ordenaba. Combiné eso con el reto de cuidar todo el día a un niño que empieza a caminar y sin ayuda, y tiene una receta para el desastre. Después de cerca de un año de hacer todo esto, finalmente toqué fondo. Estaba agotada emocional y físicamente. Mi agotamiento condujo a la decisión de cerrar el negocio. Aunque me sentí mal de haberme fallado, me sentí incluso peor de haberle fallado a mi padre y ese dolor fue la carga final de dolor que causó mi artritis reumática.

Mirando atrás era solamente una cuestión de tiempo antes de que me derrumbara. Constantemente estaba en un estado de confusión intentando honrar y complacer a mis padres y manejando el negocio exactamente como ellos ordenaban mientras que, al mismo tiempo, adueñándome de mi derecho de amar al hombre que elegí y vivir en el país que había llegado a amar.

Mi relación con el dolor es única. Desde que yo me acuerdo, he sido muy obstinada toda mi vida. Toleraría mucho castigo físico sin llorar y pedir clemencia. El ser obstinada puede tener un efecto positivo cuando se lo utiliza constructivamente. Pero, cuando combino terquedad con resistencia a expresar mis emociones y enfrentarme a figuras de autoridad, puede causar problemas, como artritis. Tengo tanta tolerancia al dolor que mantuve todo este enojo y culpabilidad dentro de mí hasta que mi cuerpo se derrumbó con la artritis. El estallido duró unos cuantos años. Cuando fui en busca de una cura para liberar mi dolor, principalmente mi dolor físico, no estaba incluso conciente de toda la confusión interna que estaba pasando. No tenía ni idea que todas estas cosas estaban correlacionadas. 

En un intento por curar mi condición, primero pasé por la medicina occidental, y luego cambié a otras modalidades curativas. La medicina occidental que tomé entumeció eficazmente el dolor, pero los efectos secundarios eran peor que la cura. Casi me salí de la autopista un día. Inmediatamente después de ese accidente dejé todo tratamiento médico y comencé a probar muchos métodos curativos alternativos diferentes. Por primera vez en mi vida aprendí de la correlación entre las emociones y la enfermedad. Aprendí algunas técnicas prácticas de sanación, cristales de sanación, y meditaciones. Algunos ayudaron más que el otro.

La búsqueda por una cura para mi enfermedad me condujo a un viaje maravilloso  en el camino espiritual. Después de muchos años de explorar e de investigar, estaba casi completamente sanada. Pero incluso ahora, aunque todavía hay cierto dolor en mis dedos y muñecas que del todo no me puedo deshacer, sé que algo todavía necesita ser soltado. No fue hasta que encontré las 7 Llaves de Compasión[1] (Llaves) y la Fórmula de Compasión[2], la primera de las Llaves que encontré fue la última pieza del rompecabezas. Ocurrió durante el entrenamiento Galáctico en Diciembre del 2002.

Aquí estaba, con otros once aprendices, en la Cuidad de Kansas otra vez, preparándome para ser entrenada como una Consejera[3] Galáctica. Todo ocurrió como lo previsto por los primeros días. Entonces, por medio de una serie de planes, la energía en el cuarto se intensificó cada día. Comenzó con alguna incomunicación, que condujo al conflicto. Fue del nivel personal al nivel galáctico. Casi todo el mundo en el taller fue accionado al punto de explosión, a excepción mía y unos cuantos. Observaba al drama desarrollarse secretamente esperando no ser llamada a enfrentar a cualquier persona pero quién lo iba a decir, ocurrió. Me llamaron para enfrentar a alguien con quien ni siquiera pensé que tenía un problema. Tuve que buscar muy profundo dentro de mí misma para encontrar el dolor que todos ellos podían ver pero que yo no podía ver, dolor que tuvo que haber sido accionado en mi conocimiento consciente pero que no lo estaba porque había aprendido hacía mucho tiempo a reprimir. Finalmente lo encontré, un dolor tan profundamente inculcado en mi alma que tomó algunos minutos de griterío histérico antes de que pudiera ponerlo en palabras. Una vez que lo hice y expresé la fuerza completa de ese dolor fui sacudida hasta mi médula. La persona que estaba confrontando representaba la raza de seres que ayudó a crear mi raza[4] semilla estelar entonces comprendí que probablemente había retenido estas emociones por eones. Después de eso, no podía dejar de llorar por un rato.

Esa noche y durante todos los próximos días, noté que mis dedos estaban mucho mejor. La fuerza en mis manos volvía. Casi parecía como si nunca hubiera tenido artritis. Contribuyo esto al gran despejo emocional que hice durante el taller, un lugar donde podía sentirme segura, llegando a y despejando mi dolor más profundo. Este era el último pedazo del rompecabezas para acabar la sanación en mi misma.

Durante los próximos meses de trabajar con la Fórmula de la Compasión y de pasar por las experiencias intensas de estar en la Red de Consejero Galáctico [5], hice el descubrimiento del valor del dolor. Antes de que naciera, elegí ser criada en una cultura que de muchas maneras es similar a un colectivo, una forma de cultura donde la individualidad es sacrificada por el bien de la unidad. Es un tipo de cultura que se casa dentro de sí misma y evita la interacción con los forasteros, especialmente matrimonios. Es una donde la tradición y la lealtad se utilizan para controlar el comportamiento y para sostener la unidad y el bien común.

Estaba aceptando todos los valores de la cultura y no deseé cambiar porque no quise enfrentar las consecuencias de hacerlo. Así que si no iba a cambiar, ¿cómo iba a romper este patrón? Puedo casi ver a mi ser superior durante mi niñez intentando decirme, “di tu verdad ahora, dile a tus padres o a los profesores que no los obedecerás solo porque dicen que debas. Pero, mi Niña Interna decía “de ninguna manera” porque ella recordó la última vez que desobedecí; me encerraron en un cuarto de baño oscuro por horas o golpeada con un palo mientras que tragaba mis lágrimas. Estaba resuelta a no decir lo que pensaba por mi propia seguridad debido a todos los miedos que otros habían inculcado en mí. Pero, mi Niña Interna solamente podía atiborrar cierto dolor en mi cuerpo.

Eventualmente, no podía atiborrar más dolor y exploté con la artritis. Mi dolorosa relación con mis padres tenía la intención de alimentarme para explotar mis viejos patrones. Sin embargo, era tan obstinada que no deseé cambiar, y toleré el dolor a un punto que destruía mi cuerpo. En vez de prestar atención a mis emociones, las ignoré, y así que el dolor continuó aumentando y acumulándose. Mi cuerpo estaba señalándome que algo no estaba bien, pero yo era resistente, y así que el dolor persistió. Mi alto nivel de tolerancia del dolor refleja mi inflexibilidad y fuerte mentalidad, y porque no cedo, simplemente lo aguanto. Sé ahora que necesito despejar mis emociones cuando se presentan. En vez de sostenerlas dentro de mí, debo soltarlas a medida que surgen a la superficie.

Tuve las Llaves de la Compasión por algunos meses antes del taller, pero los leía solamente en el nivel intelectual. Entendía todos los pasos y razones fundamentales y  todos tenían sentido para mí. Pero, para realmente trabajarlo completamente, necesité pasar por el dolor y la alegría y todo lo del medio para transmutar la energía en cada célula de mi cuerpo. Esto es cómo apliqué los 9 pasos de la Fórmula de la Compasión a esta situación.

 

Paso 1 - La lección: En mi anteproyecto de vida [6], se demuestra que elegí crecer en una sociedad autoritaria para encontrar el valor del dolor, y aprender a no suprimir más mis sensaciones.

Paso 2 - El contrato: Mis padres y yo seríamos espejos el uno del otro de cómo controlar a otros para mantenerlos seguros.

Paso 3 - El papel: Mis padres desempeñarían el papel de las figuras de autoridad, y yo desempeñaría el papel de una niña a quien la mayoría de derechos humanos básicos le han sido negados.

Paso 4 - El aspecto: Reflejaron de regreso a mí mi miedo de hablar mi verdad, de ser un individuo, y de ir contra la norma de  seguir a mi corazón.

Paso 5 – El Regalo: El regalo que recibí fue el valor y la determinación de hablar mi verdad y de ser un individuo mientras que todavía amaba a mis padres.

Paso 6 - Aceptación: He llegado a aceptar los papeles que mis padres están desempeñando para mí. Pasaron por una niñez horrenda ellos mismos antes de que pudieran incluso desempeñar los papeles para mí.

Paso 7 - El Permitir: Cuando veo el dolor que pasaron para desempeñar este papel, puedo dejar ir cualquier enojo hacia ellos. Pero, más importante que todo, necesito dejar ir cualquier enojo hacia mí misma. Ahora que podía hacer eso, estaba lista para el siguiente paso.

Paso 8 -Soltar: Después de ir de las lecciones al permiso, me liberé a mí misma y a todo el mundo en este contrato de culpa y de desempeñar los papeles para mí. Cuando me doy cuenta que soy la creadora de este contrato, ya no soy una víctima. Paso 9 - Amabilidad: ahora que ya no tengo más enojo hacia ellos porque me he ganado el derecho de pararme y de ser un individuo, con respeto a su derecho de ser como desean ser, puedo ser buena hacia ellos y expresar esa amabilidad al respetar  su derecho de vivir en la clase de cultura que eligen.

En conclusión, sin todo este dolor, no estaría donde estoy ahora. Estoy alegre de que tengo estas herramientas para ayudarme a resolver todos los asuntos. Con una perspectiva multidimensional, puede ver un cuadro más amplio donde usted sabe las lecciones y los papeles que cada persona desempeña, y llegar a un equilibrio. No estoy de ninguna manera cerca del final de mí búsqueda y exploración. Lo tomo un paso a la vez y una capa a la vez. Pero, ahora tengo la Fórmula y las Llaves con que trabajar. Buscaré siempre la perspectiva más elevada, encuentro el valor en todo no importa cuán doloroso es y utilizo estas herramientas para expresar, para liberar y para integrar. Veo el valor en el dolor que experimenté. Me dirigió a comenzar mi camino espiritual donde eventualmente descubrí mi misión divina, ser una Consejera Galáctica. También me ayudó a aprender cómo ser un individuo y dar la cara por lo que deseo sin culpabilidad y vergüenza. ¿Qué mejores regalos podría uno recibir?

Bendiciones,
Coral Karnaze, Consejera Galáctica

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[1]Son herramientas Multidimensionales que proveen uso con técnicas de uso para la limpieza emocional y descifras nuestro ADN.

[2] La primera Llave Multidimensional de Compasión. Explica los 9 pasos de sanación y soltar a través del corazón superior donde la compasión es lograda. 

[3] Los Consejeros Galácticos asisten a otros al proveer consejo al nivel galáctico incluyendo limpieza emocional, comunicación con sus guías, y descifrar el ADN utilizando herramientas multidimensionales.

[4] Semillas estelares son almas de otros lugares estelares en nuestro universo. Vienen aquí a asistir en la evolución espiritual de este planeta.

[5] La Red de Consejero Galáctico es una familia multidimensional de consejeros y maestros. Ellos trabajan a través de sus asuntos dentro de la familia.

[6] Anteproyecto de Vida es el mapa de camino predefinido que hemos creado para nuestro crecimiento de alma antes de que naciéramos.

Sobre la autora:
Coral es una Consejera Galáctica clariconsciente. Está disponible para asistir a individuos con limpieza emocional, curación de relaciones, charlas guiadas, y descifrar el ADN. El enfoque de Coral le permite a sus clientes descubrir quiénes son, qué vinieron a hacer, y cómo lograrlo. Coral es bi-lingüe en inglés y chino (cantones).

Traductoras: Anita Manasse < estrellam@sion.com >  
Maribel Gonzalez


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